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30 enero de 2018

Categoría Convivimos

Leandro “Chino” Leunis en Convivimos

“Decir que no, abre otras puertas” 

Después de una larga carrera en radio, llegó el momento en la televisión de aire, y lo aprovecha a pleno. Familiero y consciente de su rol como entretenedor, se propone generar un espacio enriquecedor y amable.

Una banda provista de sartenes, tubos de plástico y demás instrumentos armados por una especie de lutier cartonero, un elenco amplio de personajes fuera de lo común que entran en acción y salen de escena permanentemente, una kermés con juegos que son tan divertidos de practicar como de ver, manoplas gigantes que aplastan a participantes que contestan mal tres preguntas, destrezas físicas con pesas o en una pileta. En el medio, Leandro “Chino” Leunis organizando todo, dando juego a uno y otro lado como un cinco a lo Fernando Redondo (o Gago, o Sergio Busquets, para los más contemporáneos).

“Es como ser muchos a la vez. Uno está pensando qué hora es, cuánto falta para que termine el programa, si va a entrar lo que tenemos, escucho al productor ejecutivo que me sugiere o indica cosas por cucaracha, y mi cerebro decide si hace caso o no; mientras tanto, tengo un humorista al lado al que le tengo que dar pie… Todo va pasando en mi cabeza y son segundos. Cuando empecé este programa el año pasado, no tenía ni una hora de televisión en vivo, y ahora habré sumado más de seiscientas. Es importante, porque eso genera un crecimiento. Confiaba en que iba a suceder, uno inevitablemente aprende estando en una situación así. No hay una escuela que te enseñe, hay que andar. Tenía mucha expectativa e ilusión de hacerlo, y me siento muy bendecido. Estoy muy feliz”, afirma.

El conductor de ¿En qué mano está? encara la segunda temporada del programa y la quinta desde que se sumó a Telefe. Luego de comenzar de chico en Much Music y de pasar por TyC Sports y por E! Entertainment Television, su mayor desarrollo se dio en la radio, donde durante diez años estuvo al frente de un ciclo en La 100. Escape perfecto fue el primer programa que condujo en la tele de aire, y hoy el canal lo tiene como uno de sus conductores fetiche, un comodín que puede estar al frente de ciclos de entretenimientos o incluso presentando telenovelas.

Todo este camino pudo haber sido muy diferente, estuviste cerca de estudiar Medicina…

Sí, y cuando lo pienso, no me sale decir “Parece otra vida”. Yo creo que hubiese sido buen médico. Me gusta la medicina, me interesa, puedo ver videos de operaciones tranquilamente. Creo que me asustó un poco el tiempo que tenía que estar con la cola en la silla, estudiando, pero hoy me cruzo con algo relacionado con la medicina y me atrae.

Cuando arrancaste, ¿qué imaginabas para tu carrera?

En esta carrera las experiencias van apareciendo y uno elige. Lo deportivo fue algo circunstancial. No es que yo haga cualquier cosa, de hecho, soy un convencido de que decir que no abre otras puertas. No creo que el tren pase solamente una vez. Yo llegué a relatar partidos en una radio, en una pasantía, y me gustaba. Lo radial me queda, lo hice diez años. La estética auditiva me resulta muy interesante, y creo que mi lado de radio se manifiesta también en la tele.

Después de una década, sin embargo, dejaste la radio.

Hace dos años. Y eso sí me parece que fue en otra vida, no me acuerdo cómo hacía con todo. Durante el primer año de Escape perfecto, yo seguía con la radio. Me iba a la mañana de mi casa al canal, salía a las siete de la tarde y a las ocho comenzaba el programa de radio, hasta las doce de la noche. Estaba quemado, pero no quería dejar, porque recién había comenzado en la tele. Cuando tomé la decisión, no fue difícil.

¿Esperaste a asentarte?

Sí, pasó más de un año en la tele y un día me acerqué al gerente de la radio. Me vio venir y me dijo “Te vas, ¿no?”. La verdad es que estaba muy cansado y sentía que debía irme. Al programa le iba muy bien, pero quise darle prioridad a otras cosas, prácticamente no había cenado en mi casa desde que había comenzado mi matrimonio, porque a la noche trabajaba en la radio. Tenía que aflojar un poco y disfrutar. Hoy hay algo adentro de mí que tendría que analizar con más profundidad, pero es como que tengo una negación con la radio. Cuento con propuestas, pero no hay ningún horario de ninguna radio del mundo que me haga pensar “Qué lindo hacer eso”, que es lo que me pasaba cuando veía programas de entretenimiento de Telefe.

Te dan más ganas de estar en tu casa.

Sí, creo que encontré un equilibrio interesante en ese sentido. La tele en vivo dos horas todos los días me exige un mínimo de una hora y media antes, y lo mismo después. Termino, vengo al camarín, me quedo en silencio un rato, me cambio, me saco el maquillaje, hablo con el equipo, vemos cómo estuvimos y para dónde vamos mañana, y me voy en el auto escuchando radio.

Dijiste que todo ese proceso es como ir sacándote el personaje de encima.

Sí, es un poco eso. Tengo 40, 50 minutos hasta casa, y hay una especie de ejercicio de ir bajando y liberándome del ego, que es necesario para hacer la tele, y volver a ser yo.

¿Esa búsqueda del equilibrio fue una necesidad tuya?

Me pasaba que me iba a la mañana con Delfi durmiendo, y a la noche llegaba cuando ya se había vuelto a dormir. Me sucedió varias veces, y dije “Ya fue, no puedo seguir perdiéndome a mi hija”. Nada vale la pena comparado con eso. No quiero ver fotos de mi hija más adelante y no acordarme de cosas por no haber estado. Me acuerdo de que un día salí a correr, y cuando uno corre medita un poco, y me dije “Me tengo que ir de la radio”. A la semana estaba afuera. Llevaba diez años en el programa, estaba primero, pero lo hablé con mi mujer y listo. Una de sus grandes pasiones, que lo acompañó toda la vida y también es parte de la vida de su padre y su abuelo, es Racing. Desde hace un tiempo, impulsado también por las oportunidades que le brinda su mayor exposición pública, se metió de lleno a colaborar con el club de sus amores, al que alguna vez definió como “un hermano”. “Con mi viejo vamos siempre a la cancha. Yo hoy estoy muy metido en la vida del club, he conseguido tener muy buena relación con los que lo manejan. Me da pudor decirlo, pero tengo un vínculo cercano con Diego Milito, que siempre fue un ídolo. Estoy empezando a meterme también en una comisión de comunicación que se armó. Siempre estoy atento a lo que haga falta y a lo que pueda hacer para ayudar. Si me necesitan para conducir eventos, voy y lo hago gratis, porque es mi manera de darle algo al club. Como comunicador, trato de hacer lo que me gustaría que los demás hicieran: pago mi abono, soy socio, compro la ropa en el local oficial del club. Me hace muy feliz”, confiesa.

O sea que este año vas a estar entre el programa, la familia y Racing…

Sí, todo eso. Aparte tengo pensado hacer la carrera de coach ontológico. Mi mejor amigo se recibió, y en el proceso hay charlas que tenés que hacer con amigos, entonces mi mujer y yo lo acompañamos. Ella realizó el curso el año anterior y ahora me dieron ganas a mí. Hay cinco o seis días al año en los que tendré que faltar al programa para ir a unos retiros. Eso me va a hacer ser un mejor líder.

¿En cuánto te ayudó el coaching?

Es un gran ejercicio para encontrar una mejor versión de uno mismo. Yo siempre estoy muy atento a ver de qué manera lidero cuando estoy al frente de un grupo, como en este caso, que soy el conductor del programa y marco un poco el latir y lo que sucede. Estoy atento a eso, a mirar a los otros y a transmitir pasión por lo que hago.

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                                                   ¿Conoces el programa?

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