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27 septiembre de 2017

Categoría Convivimos

Matías Martin en Convivimos

“El amor por el fútbol me llevó al periodismo” 

Conduciendo radio, comentando partidos, presentando shows periodísticos o animando desde la televisión, se convirtió en el referente de su generación en los medios. Cuando le preguntan cuál es su verdadera profesión, él contesta: “Periodista”.

Después de algunos días tratando de convencerlo para hacer esta entrevista, Matías Martin ingresa en la mañana pactada a su bar favorito de Palermo, su barrio. Más allá de su localía, nos mira incómodo ante el set de fotografía armado por el equipo, la mesa preparada con unos apuntes y el grabador listo para la entrevista. Es que no suele dar muchas notas. Uno de los mejores periodistas del país, que se destaca día tras día en la tarea de preguntar, asegura que se sigue poniendo nervioso cuando el entrevistado es él.

La entrada del sol por las ventanas y el clima silencioso del lugar son ideales para que se relaje. Se saca su campera, saluda uno por uno a todos los presentes y se sienta directo en la silla del entrevistado. “¿Arrancamos?”, dispara, como queriendo que esta situación se termine lo más rápido posible.

Veo que te sigue poniendo incómodo ser el entrevistado. Y no es una postura…

Claro que no, realmente me cuesta. Yo estoy “programado” para hacer preguntas y no para dar respuestas. Les tengo miedo a las notas que tratan de sacarte un título para que alguien te conteste o que arman una pelea. Yo como periodista trato de no hacer eso con quienes entrevisto.

Volvés a la TV masiva con el fútbol, y el deporte tiene mucha relación con tu comienzo en los medios.

Sí. Hay que contarles a los menores de 30 que yo comencé así [risas]. Terminé de estudiar en DeporTEA y enseguida se habían abierto los canales de cable deportivos, donde yo comencé con mi trabajo. Fue el momento justo, y hoy es el momento justo para volver al fútbol. Tenía muchas ganas, ya que a lo largo de los años conté con muchas oportunidades, pero no se concretaron.

Nunca dejaste que se encasille tu labor como conductor. ¿Creés que la radio fue fundamental para que eso no pase?

La radio me dio la libertad de elegir otros trabajos. Yo abrí muchas puertas en mi carrera, hice programas muy distintos y ahí fui acumulando experiencia. Pero cuando conocí la radio, sentí que nunca más me iba a separar de ella, y nunca lo haré. Igual siempre me quedaron las ganas de volver al fútbol, ¡y acá vamos de nuevo! Con alegría. Siento que la radio es mi casa, y la TV, mi trabajo.

Basta de todo es uno de los programas más exitosos de la historia de la radio. Dijiste que ahí realmente te mostrás como sos. ¿La televisión te impone construir un personaje?

Es que el personaje de la radio tiene todo de mí. En cambio, en la esclavitud de la imagen, la gente lee tu lenguaje corporal y no tanto lo que decís. Te maquillan, te visten, y el público ve cualquier imperfección en vos y se queda con eso.

¿Cuándo te diste cuenta de que querías trabajar en los medios o comunicando?

Mi familia me bancó. Sin duda me contuvo. Mi padre [el ilustrador CATU] era un tipo conocido por sus trabajos en la publicidad, y mi madre, que hoy es jubilada, era psicóloga. Ellos me apoyaron en las decisiones que tomé. El amor por el fútbol me llevó al periodismo. Desde muy chico me gustaba.

¿Cómo te encuentra este presente en TNT Sports? ¿Con una mirada sobre el fútbol argentino más madura y ácida?

Ojalá. Porque como te dije antes, me pasó de todo. Desde aquellos años donde me alejé del fútbol hasta hoy, incorporé muchos conceptos y aprendí mucho más. Tengo otra madurez. Quiero que sea con rigor periodístico, pero sin que deje de ser amena y para todo tipo de público. Que se disfrute.

¿Qué sentís al comentar fútbol? Te apasiona más el juego que el show mediático que se genera alrededor…

Yo prefiero quedarme con los aspectos hermosos del fútbol: el color, la pasión, las historias de entrega, de dolor, de locura, la diversión, las miradas distintas. Todos los valores que hay en la vida se ven en un campo de juego. Elijo no rosquear ni inventar cosas para generar debate.

¿A qué tendencia futbolística te sentís más afín?

Me gusta el fútbol ofensivo, ataque y posesión. A mí me encanta Bielsa. Pero hoy me gusta más lo que aporta él en el fútbol que sus equipos. Sus equipos a debate. Me aburren las viudas de Bielsa, que se lo glorifique. Los fanatismos me cansan.

Alejandro Dolina dijo que el periodista ya no necesita a los jugadores, porque “el periodista cree ser el protagonista del show”. ¿Qué opinás?

Existe eso. Pero no hay que generalizar, porque tenemos muchos buenos compañeros que no se dedican a eso y arman debates, analizan y aman el juego.

¿Cómo hacés hoy para creer en un periodismo que es parte también de una grieta y hasta elude el sentido común en algunos temas?

Yo trato de ser fiel a mí mismo, de no traicionarme. Decir lo que siento, expresar lo que pienso. Es lo único que te protege. Visualizo eso, pero además debemos saber que vos y yo también somos parte de los medios. La cuota de responsabilidad la tenemos todos.

Las redes sociales se convierten en el medio más masivo, y parece que el lector/espectador es perezoso a la hora de chequear qué es verdad y qué es mentira. ¿Te agota esto?

Ahí hay diferencias. Hay gente que dice “Tengo una información” y está leyendo un tuit. Eso no es una información: ¡es un tuit! Me agota porque es el mundo de la aclaración. Y lo que se visualiza toma una dimensión insostenible. Y ya no se puede volver atrás. Hay gente que me insulta por cosas que no dije.

¿Creés que se podrá mejorar con algunas regulaciones?

No. No se puede solucionar. Es cultural. Tendremos que aspirar a estar un poco más tolerantes. Twitter se convirtió en un circo romano. [Risas].

¿Cómo te sentís con la participación en tu programa de tu hijo Luca y sus primeros pasos en los medios?

Llama la atención cómo se desenvuelve. Habla muy bien. Se sube al escenario con su banda y se maneja igual. Me llama “Matías”, no “papá” [risas]. No lo soñé que iba a compartir aire con mi hijo. Es increíble.

Hace poco tiempo le hacías una nota a Nancy Dupláa, la mamá de Luca, y decían: “Es un pequeño bebé y monstruo a la vez”…

Es que todo se dio muy rápido, y estamos orgullosos como padres del camino que está eligiendo. Tiene 17 años. Cuando te separás con un niño de un año, es gratificante ver que está bien preparado, que hicimos bien las cosas. Se crió en dos casas diferentes, con distintas reglas.

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