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29 Mayo de 2017

Categoría Convivimos

Midachi en Convivimos

Una máquina arrolladora de humor 

Seis años después de su último show, el trío renueva su propuesta habitual. Estrenan espectáculo: Midachi Kindon. Orígenes y expectativas de Miguel, Dady y el Chino, que adelantan el reencuentro en Convivimos.

Por Sebastián Maggio y Juan Martínez – Fotos Nicolás y Patricio Pérez

En la pantalla, los tres, maquillándose, vestidos de mujer, antes de salir a escena. Es 2010 y coinciden: “Yo no voy a estar como un gil pintándome y poniéndome tacos altos a los sesenta años, ¿te imaginás a nuestros nietos viéndonos así?”. Acto seguido, aparecen los tres, ya con sesenta años (dos de ellos abuelos), maquillados y vestidos de mujer.

Así, revelan Miguel, Dady y el Chino, comenzará Midachi Kindon (“sin G, como lo decimos nosotros”), el nuevo show del trío santafesino que se convirtió en un ícono del humor popular nacional. Ese arranque es una síntesis de uno de los aspectos fundamentales del grupo: el no tomarse a sí mismos demasiado en serio. Los tres se ríen de sus carencias, exponen lo que les falta, el chiste está en aquello que no alcanza, en una aparente derrota. No es un humor desde arriba, desde el lugar del triunfador. La idea es que se vean algunos hilos, que el público se sienta invitado a un ida y vuelta de monerías entre tres amigos que se divierten juntos.

Miguel: Jugamos a ser esos gordos que se disfrazan en un asado y te hacen reír. Uno se pone un pañuelo y el otro se pone una peluca, y listo.

Dady: Hago de Shakira y después de Thalía, y no me sale ninguna. Y no me importa. Juego a ser Shakira y me muero de risa. Por supuesto que hay una producción, pero el espíritu sigue siendo esa cosa de un grupo de vagos que van a tomar cerveza. Profesionalizamos la estudiantina si querés, la fiesta de egresados. Eso, que es una estupidez, que la hacen en los cumpleaños, que la hacen los nenes cuando quieren bailar, lo hacemos nosotros de manera profesional. Buscamos una excusa para morirnos de risa. Después, si Shakira no sale igual, bueno. Que la haga Bossi, que la hace bárbaro.

Chino: Nosotros tenemos un estilo, una forma. Hemos logrado que algunos personajes se vuelvan personajes de Midachi. No nos dedicamos a imitar tanto, sino a que esos personajes tomen vida, como Drácula, La Tota, Mercedes Sosa. Tienen vida propia y están participando en una estructura como de vodevil, de comedia musical.

La historia del trío, una topadora a la que vieron cerca de seis millones de personas en más de tres décadas de carrera, comenzó en el instituto donde Miguel y el Chino estudiaron educación física. O quizá un poco antes.

Chino: Yo venía actuando desde los trece años con un grupo folklórico, me gustaba estar sobre el escenario. Por ahí no tenía la caradurez que tenía Miguel o la que después trajo Dady. Me di cuentade la capacidad que tienen para llevar adelante una actitud artística mucho más íntegra y más amplia. Yo solamente me dedicaba a la música.

Dady: Yo hice teatro siempre. Nunca fui profesional, pero estaba metido en esto desde los dieciséis años.

Miguel: Yo no había actuado nunca, y la carrera de profe nos empezó a exponer adelante de los padres, de los alumnos en la colonia de vacaciones, y eso despertó en mí el animarme a estar frente a la gente. Si bien yo era un vago que en el grupo era el que contaba los chistes, jodía, y cuando laburaba en Agua y Energía iba cantando cumbia arriba de los camiones cuando tirábamos líneas trifásicas, era bastante tímido. La timidez se va venciendo con tu exposición, con ir animándote. Después te das cuenta de que es una estupidez la timidez, es algo que te frena ante hechos tontos, cuando uno tiene que mostrarse tal cual es y no tener vergüenza de nada.

Dady: Yo también soy tímido, pese a lo que los demás crean. Siempre digo que soy un gran degenerado, pero soy muy pudoroso. Yo aparezco con la rumbera, con una soga en la cola, pero me da mucha vergüenza hacer eso. Hay una contradicción. Esto nos ha salvado a Miguel y a mí, porque no pareciera que es así. Todos nos dicen: “¿Qué vas a ser tímido?”. Justamente, este oficio fue una defensa para sobrellevar esa timidez, ese complejo.

Venciendo a esa timidez, Miguel se sumó junto al Chino y otros compañeros (entre los que estaba Marta, la mujer del Chino) para armar un grupo folklórico que tocaba en peñas. Ese grupo se comenzó a desarmar, hasta que quedó un proto-Midachi llamado Los comiserios, un dúo humorístico que frecuentó el mismo circuito que el anterior y que, una noche, se cruzó con Dady. Presentados por un amigo en común, estuvieron a punto de ser un cuarteto, pero ese amigo se bajó sobre la hora y quedó conformado el trío que luego sería histórico.

En aquellos inicios, los disfraces eran rudimentarios, ayudados por manteles maternos y almohadones que toscamente se combinaban con pelucas indefinibles. Era, como sigue siendo hoy, parte de la gracia: reírse de cómo, a pesar de una presunta imposibilidad, se las arreglan para componer un personaje y una situación cómica.

Cuando comenzaron era todo muy precario. Ahora tienen muchas más herramientas, ¿cómo repercute eso en la creatividad?

Dady: Es una porquería. Es inversamente proporcional a la creatividad. El hambre te da esa cosa de hacerlo con lo que tenés. Cuando lo tenés todo y podés comprar un elefante blanco para poner arriba del escenario, te limita mucho la creatividad. El no tener te azuza la creatividad, te da esa cosa de acción. A veces se nos hace más difícil, teniéndolo todo, para ver con qué sorprendemos. Cuando no teníamos nada, nos parábamos arriba del escenario y era de guapos, era montar a caballo sin montura, a pelo.

Miguel: De todos modos, creo que aprendimos a mejorar sin perder lo que él decía. Eso creo que es bueno. Nos adaptamos a lo que viene, pero también somos muy brutos con las cosas que vamos agregando.

Ahora viene un show con mapping. Yo me enteré de que existía el mapping hace seis meses, cuando estos me lo contaron… Ni el nombre me sonaba, y todavía no lo he visto. Me voy a sorprender cuando empecemos los ensayos. No hemos perdido esa combinación de saber aprovechar las dos cosas. En parte coincido con él en que antes era puro huevo y corazón, y, si nos teníamos que tirar al piso, lo hacíamos. Pero también la tecnología y un buen sonido te ayudan a que las cosas salgan mejor. Sabemos compensar y no perder nuestra ignorancia, entre comillas, y a eso sacarle el jugo también.

¿Qué esperan de este reencuentro con el público después de seis años?

Chino: Queremos que se vuelvan a encontrar con una máquina arrolladora de humor. Quizá estamos en una altura de nuestras vidas en la que ya no sé si vamos a hacer nuevo público, pero estoy seguro de que, entre esas seis millones de personas que nos han visto en este tiempo, algunos querrán volver a hacerse un mimo de emociones. Midachi les genera ese tipo de sensaciones. De pronto, ir a divertirse dos horas significa una inversión espiritual, que te queda en el recuerdo. Todo eso es la fórmula de Midachi. Hay muchas más cosas que solamente un espectáculo humorístico: hay una relación con el público de décadas.

Dady: Ahora que decís esto, por ahí uno no es consciente de cómo llega al otro. Fontanarrosa decía que le hubiera gustado ver la cara del tipo que agarraba el Clarín del domingo y leía sus chistes. Te perdés la risa del tipo. Uno no sabe cómo llega, y nosotros no somos muy conscientes de lo que ha pasado con nosotros en la gente. Tiene que ver con el paso del tiempo, lo que provocan los grupos a lo largo de la historia es así. Daniel Rabinovich, cuando estaba en el Rex con Les Luthiers, un día nos vino a saludar y nos decía “nosotros subimos al escenario y la gente nos aplaude antes de que hagamos ningún chiste, ¿qué significa eso?”. La gente celebra volver a verte.

Miguel: Yo le voy a hacer un piropo al Dady: creo que con la canción de inicio, con la imagen de escenario y con su monólogo, ya está paga la entrada. Siempre dije lo mismo. Lo que provoca Dady en su monólogo es una cosa impresionante. Con eso uno ya se relaja, y después viene una hora y media más de yapa. El talento de Dady es impresionante.

¿Qué les dio Midachi a ustedes?

Miguel: Nos dio todo, y más. Somos dos profes de Educación Física y un ex empleado público. Nos salvó la vida el trío, este encuentro. Yo pienso que está todo escrito y tenía que pasar así: haber ido a esa peña, que justo entráramos a actuar con el Chino y encontráramos a Dady… A los tres meses debutar como trío nos cambió la vida para bien.

Dady: Por suerte pude hacer casi todo lo que quería. Creo que, si me muero ahora, tengo que agarrar a Dios y decirle “¿qué se debe, jefe?”, porque la verdad que me dio todo. Y Midachi lo mismo. Si hay alguien que se llame Midachi, que me espera al final del camino y me hace la cuenta, le pago, porque me dio todo. Inclusive cuando he hecho otros trabajos, como conducir en la radio o actuar en El ciudadano ilustre, y me han dicho: “Vos sos mucho más que un Midachi, te has desprendido”, yo les respondí que no es así. Todo lo que hice, lo hice siendo un Midachi.

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