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24 abril de 2017

Categoría Convivimos

Guillermo Francella en Convivimos

“Me gusta trabajar para la gente”

Consagrado en cine, teatro y televisión, Guillermo Francella no pierde el amor por su vocación y explora permanentemente diferentes formas de abordarla, haciendo confluir su búsqueda con lo que el público desea ver.

Está bueno reinventarse a los cincuenta”, le dijo hace casi una década el director mexicano Carlos Cuarón a un Guillermo Francella que asomaba la cabeza por fuera de las comedias por primera vez en muchos años. Desde aquel momento hasta hoy, el actor continúa con la búsqueda para explorar terrenos desconocidos que, al mismo tiempo, le generen incomodidad y lo interpelen para poder “tocar otras cuerdas” en el instrumento artístico que él mismo constituye.

Así como Pablo Sandoval (su personaje en El secreto de sus ojos) sostenía que un hombre jamás podrá dejar de lado su verdadera pasión, Guillermo se enamoró de la actuación en el colegio secundario y nunca más pudo ni quiso dejarla. A sus sesenta y dos años, lleva más de cuarenta interpretando personajes y recibiendo aplausos. Cuando cursaba el último año en el Instituto 20 de Junio de San Isidro, se le ocurrió, junto a un par de compañeros, montar una obra de teatro para recaudar fondos para su viaje de egresados. Eran siete, cuatro chicas y tres chicos, y acudieron a Argentores en busca de obras para esa cantidad de personajes. La elegida fue Charlatanes, de Julio Escobar. Con ese texto, Francella subió por primera vez a un escenario, y, con esa actuación, sintió por primera vez la poderosa sensación de transportarse a él mismo y a toda una sala dentro de una historia. Y conoció los aplausos, esa paga por la que siguió subiéndose al escenario y parándose frente a la cámara una y otra vez.

“La actuación es mi medio de vida y no podría hacer otra cosa que esto. Siempre me gustó interpretar. Me gustaba verme, me gustaba la felicitación posterior. Había algo que quería transitar, quería ver qué pasaba. Consumía películas, miraba mucho, y pensaba ¿cómo será poder hacer esto? Me generaba mucha atracción este universo”.

¿Se conserva esa atracción inicial después de tanto tiempo?

Sí, tengo satisfacciones siempre, y es algo que no merma ni se estanca. Todos los años parece que hay un in crescendo, y a mí eso me pone en un lugar que me fascina. Mi expectativa era vivir de lo que amaba, eso era lo que yo quería, pero no sabía lo que me iba a pasar. Me costó mucho ingresar a trabajar y vivir de esto: audiciones, canales, puertas, rebotes. Después fue algo muy grande todo lo que yo viví y fue hermoso.

En ese crecimiento, hace unos años hubo un cambio muy marcado en el tipo de proyectos en los que elegís participar…

Creo que, más que nada, había un temor de los productores a no tocar nada en mi carrera porque me iba muy bien con lo que hacía. Pero me encontré con que dándole proyectos interesantes, importantes e identificables, el público va. Sin duda que la risa es sanadora, te distiende y te hace olvidar de muchas cosas, pero también las cosas de reflexión te ayudan a ser mejor persona. A mí me seduce hacer proyectos antagónicos entre sí. Que todos tengan su profundidad. La comedia fue una anécdota en mi vida, a los productores les resulté efectivo en esa cuerda, me convocaban y generaba cosas, provocaba algo, y había adhesión absoluta, masividad. Pero como actor también tenía ganas de tocar otras cuerdas, lo expresé y me empezaron a convocar directores importantísimos. Me siento orgulloso de poder hacer ambas cosas, nunca renegando de nada de lo que he hecho.

Cuando empezaste a tocar esas otras cuerdas, ¿qué pasó en vos?

Me gustó poder verme en otro rol, verme de otro modo. Me pareció que valió la pena. Fue, como dijo Cuarón, una reinvención, encontrar algo en mí. Al no quedarme todo tan cómodo, pude ver cosas nuevas que me permitieron encontrar recursos distintos como intérprete. Mientras pueda interpretar en forma verosímil lo que me dan, mientras sea todo verdadero, para mí garpa siempre y me gusta vivirlo. Me gusta poder componer gente distinta, verme diferente, desdoblado, no reconocerme.

¿Actuar es conseguir ese desdoblamiento?

Es intentar ser otra persona, pero trabajando con el bagaje de cosas incorporadas que obviamente tenés. Es colocarle capas a tu verdadera personalidad para no ver a Guillermo, sino intentar ver, por ejemplo, a Arquímedes Puccio (N. de la R.: lo personificó en El clan) o a Pablo Sandoval. Con Arquímedes no tengo ninguna empatía, no puedo comulgar en nada con ese ser, pero al interpretarlo, tampoco lo puedo juzgar, tengo que actuar como lo haría él.

FAMILIA

Hay dolores que no se van con el tiempo, y la muerte de un ser querido es uno de ellos. Guillermo no deja de repetir que su papá se fue en el mejor momento de ambos, y justo antes de que pudiera comenzar a devolverle todo lo que Ricardo le había dado. Guillermo cumplió ya más años que los que llegó a tener su padre.

“Fue duro eso también. Yo pensaba que papá era alguien que tenía mucha salud y, pobrecito, murió de un ACV. Eso te hace pensar, porque hay algo genético, no sé. Fue muy dolorosa la pérdida de mi padre, me afectó muchísimo. Todavía lo extraño. Cuando se fue, yo recién empezaba a hacer algunos bolos, no llegué a mostrarle lo que hice. Por suerte mamá sí pudo ver todo. Con ella tengo una relación divina, ha sido mi compañera siempre, una gran mamá. No hay cosa mía que no haya visto, disfrutó todo. Ahora está muy mayor, pero sigue en un estado de felicidad con todo lo que me ha pasado a mí en la vida.

También te toca disfrutar de lo que hacen tus hijos, Johanna y Nicolás, ¿te produce orgullo que hayan elegido la misma carrera que vos?

Sí, sabiendo que es una zona de riesgo, que es una carrera muy especial. Muy particular. Hay que tener mucho cuidado. Han elegido esto y los veo que están muy encaminados. Son muy respetuosos, muy profesionales. Nada lo hacen de taquito, se preparan, se forman, luchan. Me gusta mucho lo que hacen como actores, cuando interpretan los veo muy verosímiles. Me gusta lo naturales que son. Son muy jovencitos y de verdad me gusta que estén trabajando de ese modo, con la seriedad con la que encaran las cosas.

¿Sos de acompañarlos en este recorrido o preferís tomar distancia?

Estoy presente. Soy fuente de consulta de ellos, y ellos también lo son para mí en muchas cosas, porque me gusta escuchar sus opiniones. Les hago leer mis guiones y me dan su devolución. Estamos muy cerca, muy unidos. Somos críticos todos, pero bien, constructivos. Miramos todo el tiempo.

El público siempre te acompañó.

Sí, tengo un idilio, gracias a Dios. Eso te altera, te modifica cosas, te cambia un poco, aunque no la esencia ni tu formación. La mitad de mi vida fue de un anonimato absoluto y la otra mitad de una popularidad absoluta, así que puedo hablar de ambos mundos. Los dos tienen sus secretos, sus atractivos. Ya me acostumbré a ser alguien muy conocido y popular en mi país, y me siento muy querido por la gente. Es muy gratificante, no lo vivo con pesadumbre ni como algo tedioso. Es invasivo a veces, porque te sentís observado todo el tiempo, pero lo manejé muy bien. Pude armar mi familia sin exhibirla ni exhibirme yo permanentemente. Traté de cuidar mucho mi mundo privado y lo sigo haciendo.

Esto de saberte observado, al tener que elegir un proyecto, ¿te llevó a pensar en cuánto le gustará a la gente?

Sí, intento leer y hacer proyectos que tengan un grado de identificación con la gente. No me gustan las películas que le dan la espalda al público ni los proyectos que son para una minoría. A mí me gusta trabajar para la gente, me gusta que los proyectos tengan identificación. Me encanta el cine de autor, me encanta ese cine con otro grado de profundidad, pero no creo que hacer algo popular esté reñido con la calidad.

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