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13 Enero de 2017

Categoría Convivimos

“Eliminar las propias fronteras”

Daniela Elías y Juan Caldaroni

“No se consideraba un turista; él era un viajero. Explicaba que la diferencia residía en el tiempo. Mientras el turista se apresura por regresar a su casa al cabo de algunos meses o semanas, el viajero, que no pertenece más a un lugar que al siguiente, se desplaza con lentitud durante años de un punto a otro de la Tierra”.

La historia que cuenta Paul Bowles en su novela El cielo protector podría ser, quizás, la de Dani y Jota. Esta pareja de viajeros incansables recorre el mundo desde 2009 cuando decidieron viajar a Nueva Zelanda por tres meses para mejorar su nivel de inglés. Lo que comenzó como una pequeña idea se transformó en un ticket de vuelta cancelado, siete años de viajes, más de 43 países recorridos, un libro, un blog muy reconocido, grandes historias para contar y un objetivo muy claro: “eliminar las fronteras más peligrosas, las que nosotros mismos creamos”.

Mientras el mate da vueltas y vueltas, la charla se hace cada vez más familiar. Escucharlos hablar sobre sus aventuras, y alguna que otra desventura, es como estar viendo una película de Indiana Jones. Las anécdotas van desde pasar una tarde con presos de una cárcel filipina, estar varios días en casa de refugiados iraníes y acampar frente a la mansión del presidente de Tayikistán, hasta rezar con musulmanes en una mezquita de Malasia.

Para Jota todo comenzó a los siete años, cuando su abuela Elodina le regaló el Atlas Larousse 94: “Desde ese día me volví adicto a los mapas, jugaba a aprenderme todas las banderas de memoria”, mientras que Dani despertó su interés por viajar en los campamentos que hacían con los Scouts.

Mas allá de que ambos son guías de turismo, acuerdan que su mejor escuela fue el viaje en sí mismo: “La gente tiende a menospreciar el poder cultural y educativo del viaje”, resalta Dani.

Durante estos años en ruta, hicieron de todo para ahorrar dinero y seguir viajando: juntaron brócoli del campo, limpiaron papas, trabajaron en estaciones de servicio en pueblos remotos y hasta en una procesadora de mejillones. Otros trabajos fueron a cambio de hospedaje y comida, como en un hostel en Singapur, donde descubrieron el valor de todo lo recorrido. “El lugar acababa de abrir y nosotros teníamos mucha experiencia en el tema. Los fuimos orientando en las cosas que tenían que cambiar, hicimos fotos del lugar, fuimos sus consultores. Ahí nos dimos cuenta de todo lo que uno puede hacer y no valora. La necesidad te vuelve más creativo, así aparecen nuevas herramientas. Esto no pasa solo en los viajes, pasa en la vida misma. Cada crisis te da una oportunidad, te abre la cabeza, te motiva para encontrar una salida”, concluyen.

Una de esas herramientas, y carta de presentación, es su blog “Marcando el Polo”. “Creemos en los blogs que no sólo se limitan a contar historias, sino que ayudan a la gente desde su propia experiencia”. Haciendo enfoque en lo cultural, reúnen relatos para aquellos que quieren viajar sentados desde su computadora, e información útil – cómo llegar a tal lugar, cómo generar ingresos durante el trayecto, cómo hacer dedo- para los que lo hacen físicamente. Y de lo virtual pasaron al papel con su libro Un Viaje Interior (editado en España y Argentina), que habla sobre todo lo que pasa antes, durante y después de un viaje largo y da un empujón a aquellos que aún no se animaron a armar la mochila. “Queremos que la gente que nos lee aprenda algo. Es nuestra manera de devolver todo lo que la ruta nos fue dando”.

Actualmente, se encuentran trabajando en un nuevo libro que compendia de manera cronológica todo el recorrido de “Eliminando Fronteras”, su aventura viajera más ambiciosa, que comenzó en Filipinas y siguió por tres años ininterrumpidos atravesando el continente asiático hasta llegar a Turquía con el condimento ideal: todo lo hicieron a dedo.

Mientras haya mapas, habrá rutas por marcar y caminos por recorrer. Esta vez, luego de un breve respiro en Buenos Aires, serán los de América del Sur en bicicleta. “Elegimos viajar así para tener experiencias distintas, para acercarnos a historias a las que de otra manera no hubiéramos llegado. Si fuera sólo ir y sacar fotos de lugares lindos, ya nos hubiéramos aburrido”.

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